Tradición y calidad
Las Medialunas del Abuelo: un legado familiar que evolucionó de clásico barrial a franquicia nacional
Entre hornos, madrugadas y recetas que sobreviven al paso del tiempo, la familia Sánchez lleva más de 25 años construyendo una marca que logró transformar su producto estrella en un símbolo de pertenencia, "sin perder la esencia".
Con una producción que supera el millón de docenas anuales de medialunas de manteca y una estructura que emplea a unas 150 personas, "Las Medialunas del Abuelo" atraviesa una nueva etapa de crecimiento, en más de 25 años de historia. La empresa fundada por José María Sánchez en el barrio porteño de Mataderos consolidó en más de dos décadas una de las franquicias gastronómicas más reconocidas del país y ahora impulsa una expansión renovada junto a Adrián Sánchez, representante de la segunda generación familiar.
La iniciativa comenzó a fines de los años noventa, cuando José María tenía una panadería barrial y recorría las calles repartiendo productos de madrugada. "Llegó un momento en que ese sistema te agotaba. Ahí empecé a pensar en tener locales propios y dejar de perder tiempo en la distribución", recordó. A inicios de este siglo, el 13 de julio del 2000 abrió el primer local en la esquina de Blanco Encalada y Arcos, en Belgrano.
El nombre de la firma nació como tributo a su abuelo materno, Carlos María Sánchez, panadero de oficio y figura central en la identidad de la empresa. "Él amasaba en su casa, cocinaba de madrugada y salía a vender con canastas por la calle. ¿Cómo no homenajear a alguien que se esforzó de esa manera?", explicó el fundador, quien además recalcó que esa idea de trabajo artesanal y esfuerzo familiar terminó convirtiéndose "en el eje conceptual" de las medialunas.
Desde el comienzo, la apuesta fue diferente a la de una panadería tradicional. Sánchez decidió reducir la oferta y enfocarse en pocos productos de alta rotación, con las de manteca como estrella principal. "Todos me decían que iba a durar tres días vendiendo solamente eso. Acá estamos, 25 años después", señaló.
Según detalló, el diferencial estuvo en mantener la misma receta y calidad a lo largo del tiempo: "Si probás una medialuna de hace 25 años y una de ahora, son exactamente lo mismo. El otro día una clienta nos contó que se había tomado un auto para ir hasta un local, y otro que una mordida de las facturas lo devolvió a su infancia".
El crecimiento llegó rápidamente. Apenas meses después de abrir el primer local, la empresa ya había vendido decenas de franquicias, incluso antes de que sus fundadores conocieran formalmente el modelo de negocios. "Yo ni sabía lo que era", reconoció Sánchez, que con el tiempo expandió la presencia de Las Medialunas del Abuelo en distintos puntos del país. Actualmente proyecta nuevas aperturas en provincias como Río Negro, además de un posible regreso a la Costa Atlántica.
En los últimos años, Adrián Sánchez impulsó un "proceso de modernización", según lo definió. La nueva generación trabajó en "adaptar el formato de los locales" a los cambios del mercado, incorporando equipamiento eléctrico, espacios más compactos y sectores destinados al despacho por aplicaciones de delivery. "La idea fue avanzar sin perder la esencia", explicó, en el marco de una estrategia que le permitió a la firma recuperar presencia en la Ciudad de Buenos Aires y abrir 10 nuevos locales durante el último año.
Pese a los desafíos económicos que enfrenta el sector pyme, los Sánchez aseguran que el objetivo sigue siendo expandirse. "Podríamos crecer mucho más rápido si existiera financiamiento", sostuvo José María, aunque remarcó que el reconocimiento de la empresa sigue apoyado en la identidad construida desde sus orígenes. Para Adrián, la palabra que mejor define a la marca es "familia". Su padre elige otra: "Pasión por lo que hago".




