Alarmante
Aumento de la informalidad laboral: mujeres y jóvenes son los más afectados
La informalidad laboral en Argentina sigue en alza, afectando desproporcionadamente a mujeres y jóvenes. La formalidad de los jóvenes de 19 a 25 años cayó del 43,5% al 34,8% en la última década, según un estudio de la Universidad Nacional de Rosario.
La informalidad laboral en Argentina ha experimentado un notable crecimiento en los últimos años, con un impacto particularmente agudo en los sectores de mujeres y jóvenes.
Un estudio reciente de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) revela que la tasa de informalidad general se ubicó en un 44,2% en el primer trimestre del año, un incremento respecto al 42,1% registrado en el mismo período de 2025.
Este fenómeno se ve exacerbado por el auge del cuentapropismo, que hoy representa el 65,3% de los ocupados informales, casi duplicando la tasa de los asalariados informales (37,9%).
La brecha de género y generacional se hace evidente en estos datos. Las mujeres han pasado de representar el 34,1% de los trabajadores por cuenta propia en 2016 al 41,5% en la actualidad, evidenciando una "femininización" del trabajo independiente. Paralelamente, la formalidad entre los jóvenes de 19 a 25 años ha mermado drásticamente, cayendo del 43,5% al 34,8% en la última década, una cifra significativamente inferior a la de los adultos en edades centrales. Sectores como la construcción y el servicio doméstico lideran la informalidad, con cuatro de cada cinco trabajadores en esta condición, seguidos por servicios personales, gastronomía y comercio.
El contraste en términos de pobreza es alarmante: el 34,3% de los ocupados informales reside en hogares pobres, frente a solo el 10% de los formales. La indigencia es aún más cruda, afectando al 52% de los informales contra el 12% de los formales.
Si bien el sector de información y comunicación (servicios IT) presenta una informalidad del 33,9% y los servicios profesionales, científicos y técnicos del 19,2%, el cuentapropismo informal masivo no se concentra en estos nichos de alto valor agregado, sino en oficios, comercio y servicios personales.
Este escenario implica un desafío adicional en términos de desarrollo económico y cohesión social. El aumento de la informalidad laboral puede traducirse en una menor recaudación fiscal para el Estado, menor acceso a beneficios sociales para los trabajadores y una mayor vulnerabilidad económica para las familias.
Antecedentes de este tipo de tendencias se observan en ciclos económicos previos, donde la precariedad laboral se intensifica en contextos de incertidumbre.
A futuro, se podría esperar una profundización de estas brechas si no se implementan políticas activas de fomento del empleo formal y de capacitación, especialmente dirigidas a mujeres y jóvenes, y si no se promueve la formalización de sectores tradicionalmente informales.



