Crisis política

En Perú destituyeron al presidente José Jerí, investigado por presunto tráfico de influencias

A dos meses de las elecciones, el país sumó otro capítulo a la extendida crisis institucional, en un clima de creciente polarización y desgastada gobernabilidad.

En las últimas horas, la figura de José Jerí, presidente encargado del Perú, quedó en el centro de una crisis política que precipitó su salida del poder. Finalmente, el Congreso lo destituyó mientras se encuentra investigado por presunto tráfico de influencias mientras resta poco más de dos meses para las elecciones del 12 de abril, en un clima de creciente polarización y desgastada gobernabilidad.

Con 75 a favor, 24 en contra y 3 abstenciones, el Parlamento aprobó la salida del mandatario interino. Según el procedimiento, ahora deben convocar a una nueva sesión para elegir a una nueva autoridad hasta el traspaso de mando el 28 de julio.

La destitución de Jerí implica otro relevo en la cúspide del Ejecutivo en un país que, en la última década, acumula múltiples cambios presidenciales. Ese contexto refleja la inestabilidad institucional y las tensiones internas de la derecha peruana, que se muestran abiertas en disputas sobre el control del Ejecutivo y la agenda de gobierno.

Jerí, vinculado al partido Somos Perú y asumido en carácter interino el 10 de octubre en reemplazo de Dina Boluarte, llegó a la Presidencia tras una cadena de remociones que comenzó con la destitución de Pedro Castillo el 7 de diciembre de 2022. Su mandato era breve: debía entregar el poder el 28 de julio, emplazamiento que no impidió que su gestión quedara marcada por controversias y cuestionamientos.

Las acusaciones que motivaron la investigación fiscal y el pedido de destitución lo señalaron por presunto tráfico de influencias. Entre los hechos que se investigan está el registro de reuniones con empresarios contratistas del Estado —y de la propia oficina presidencial—, encuentros que habrían sido realizados en forma semiclandestina, según grabaciones de cámaras de seguridad y versiones periodísticas.

Un episodio que cobró notoriedad fue la reunión del 26 de diciembre en un restaurante de comida peruano-china en Lima, donde Jerí habría asistido encapuchado para evitar ser reconocido. Esa imagen se sumó a otras filtraciones que alimentaron sospechas sobre la conducta del mandatario y la naturaleza de sus vínculos con sectores empresariales vinculados a la contratación pública.

Además de las irregularidades administrativas, aparecieron denuncias de conducta privada controvertida: invitaciones a personas a la sede presidencial en horarios nocturnos y fotos de celebraciones íntimas que circularon públicamente. Algunas declaraciones de analistas y datos de registros de ingreso y salida a la Casa de Gobierno vincularon a determinadas personas con posteriores nombramientos estatales, versión que Jerí ha negado en forma categórica.

El proceso en el Congreso y la investigación fiscal definieron su futuro político inmediato y tendrán repercusiones en la campaña electoral y en la percepción ciudadana sobre la estabilidad institucional. Mientras tanto, el país continúa atravesando un período de incertidumbre pública, en el que la sucesión de crisis políticas intensifica el debate sobre reformas institucionales y controles a la gestión pública.

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